Galicismos

Entre Guernica y la Movida

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Tengo la impresión de que gran parte del día Tarzán se balancea de una liana a otra. Tal vez va viendo a cada momento cosas más o menos interesantes a su paso y vira de acuerdo a ello. Pues bien, después de comenzar “Anatomía de un instante” de J. Cercas me ha sucedido algo similar, fui pasando de un libro a otro preguntándome que fue lo que pasó antes del 23 de febrero de 1981. Cierto, hay todos los preparativos para el fallido golpe de Estado, antes tenemos la elección de Adolfo Suárez, pero quiero saber todavía más y así hasta retomar la línea de eventos si posible hasta el año de 1936.

De este período histórico, el franquismo, se habla poco, sobre todo comparado con otros temas más mediatizados. Es más, me parece que, al menos con mis interlocutores españoles, se trata de no ahondar mucho sobre el tema con el temor de decir algo disparatado o hiriente. Y al final resulta que no se habla del todo. Sin embargo, tratar de omitir aproximadamente cuatro décadas de la historia de un país es un acto incomprensible.

En 2005, la editorial Plon publicó “Dictionnaire amoureux de l’Espagne“, a cargo del reconocido escritor Michel de Castillo, nacido en Madrid de padre francés y madre española. Sus orígenes y su talento literario lo convirtieron sin duda en uno de los candidatos idóneos para esa labor. En su libro encontramos la letra “S” en la que del Castillo da su opinión sobre A. Suárez. Sin embargo es la letra “F” la que ofrece más pistas para responder a mi interrogante. La entrada se llama “Franco (Francisco, Caudillo de l’Espagne)”.

Michel del Castillo cuenta que al llegar a Francia en 1953, tras 8 años de vivir en España, sus amigos franceses le hablan de la situación del país ibérico, con tanta seguridad “aunque sea un país que conozcan mal”. Entre estas personas se encuentra el mismo Jean-Paul Sartre.

Pareciera que en su entrada sobre Franco, el autor franco-español toma su revancha por cuanto tuvo que escuchar, sin que nadie hubiera considerado que él tendría quizás un punto de vista más cercano, no únicamente por hablar español, sino también por haber vivido ahí.

Aprendemos pues que Franco, de acuerdo a del Castillo, pensaba más como un general que como un político. Su mayor aportación en este tema fue el “no” rotundo a los bolcheviques. Además, el Caudillo se caracterizó por un catolicismo exacerbado, un sentimiento antisemita, con animadversión por las logias masónicas, el liberalismo y el parlamentarismo. Siguiendo al autor, la represión del régimen fue infatigable y duró por lo menos hasta los años 60. A pesar de las miles de víctimas, del Castillo opina que no fue una represión de masas, sino más bien dirigida.

Cuando uno termina de leer el par de páginas de este artículo, se tiene la impresión de querer saber más y también que el autor tenía aún más qué decir al respecto. De hecho, en 2008 la editorial Fayard publicó “Le temps de Franco” otro libro de Michel del Castillo de casi cuatrocientas páginas. En fin, todavía hay que seguir moviéndose de libro en libro en esta jungla de la historia mal conocida con el afán de entender tan solo un poco más.

Written by Luis

5 enero 2016 at 10:56 pm

Publicado en España, libros

De vuelta

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Anoche quería escribir una líneas en mi cuaderno antes de dormir. Como no estaba muy concentrado para hacerlo, preferí escuchar la redifusión de una entrevista radiofónica. La invitada, crítica literaria de profesión, hablaba sobre su relación con la lectura y la relectura: treinta libros al mes de los cuales dos tercios ya los había leído. El asombro tarda en tomar su sitio. Para mí resulta remarcable las varias veces que la invitada ha podido leer un solo libro. Entonces me pregunté si yo tendría libros que pudiera releer una y otra vez. Pasando algunos ejemplares por la mente, se me apareció de pronto la imagen de una reciente lectura “El idioma materno” (Sexto Piso, 2014) de Fabio Morábito.

Para empezar el título que escogió el autor gana fácilmente lectores, sobre todo aquellos lejos de casa que se entusiasman con la esperanza de encontrar algo familiar entre las páginas. El primer idioma que aprendemos se adhiere a nosotros como si fuera una segunda piel. No obstante, a lo largo de nuestra vida nos acercamos a otras lenguas, con las cuales tenemos una relación que nos remite siempre a nuestra lengua materna.

Morábito, de origen italiano radicado en México, conoce a fondo los sentimientos que esto produce. Su escritura en español trasmite claramente el país de acogida, pero no completamente su “otro yo”, latente, el idioma materno que sigue ahí, esperando.

Cada uno de los textos de este libro es como un bloque, algo así como un pensamiento y sus divagaciones consecuentes. El breve lapso de tiempo que toma su lectura es suficiente para zarpar, dar una vuelta por los recuerdos del escritor italo-mexicano y regresar a nuestro asiento.

En ocasiones me parece que el autor y yo vemos en la misma dirección y eso me permite comparar mi punto de vista. En otras, las más de las veces, me sugiere ver ideas donde antes no las había y revisita los lugares conocidos con nuevos ojos. Justamente éste es el proceder del artista, tomar un aspecto de la realidad, del cual nadie había tomado atención, y trabajarlo hasta darle la forma deseada, bajo un plan que únicamente él conoce.

Ahora sólo me falta encontrar los otros diecinueve libros que releer antes de dormir.

Written by Luis

4 enero 2016 at 5:23 pm

Publicado en libros, Mexico

La novela y sus versiones

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Me prestaron hace poco “Le rêve du Celte“, que es una novela de Mario Vargas Llosa traducida al francés y que trata de un irlandés llamado Roger Casement. Leí algo así como cien páginas. La aventura de Casement es captivante y la manera de contarla tan agradable como una conversación, lo que prueba una vez más la maestría de su autor. Por varias razones dejé la lectura inconclusa, sin remordimientos, pues los buenos libros son como los buenos amigos, siempre están ahí. Mientras tanto estuve trabajando sobre otros escritores y por casualidad me encontré con “El sueño del Celta”. Tomé el ejemplar entre mis manos para entretenerme buscando la línea donde había suspendido la lectura. Como no suelo usar separadores, hice como de costumbre: abrí el libro al azar tratando de recordar si conocía o no esa parte. Solo que está vez me costó mucho más trabajo, es más, ni siquiera estoy seguro  de que haya encontrado la línea exacta. Por pura curiosidad seguí leyendo. Se suponía que era el mismo libro del Nobel peruano, pero la versión en español me pareció completamente distinta. A pesar de que los personajes y sus acciones fueran los mismos, los colores eran más intensos. En realidad se trataba más de una cuestión de estilo y de sutilezas de la lengua, como un adjetivo aquí o allá en lugar de otro o la composición de las frases. Llegué a pensar incluso que los nombres de los objetos significaban cosas distintas en cada versión. Con el debido respeto al traductor, unas pocas líneas me bastaron para preferir el original. Tiempo después, volví a ver a quien me prestó el libro de Vargas Llosa. Le agradecí su atención y aproveché para compartir con él mi experiencia. Sin discusión alguna, estuvo de acuerdo conmigo y agregó que esto sería incluso más evidente entre la obra de Marcel Proust  y cualquiera de sus traducciones, algo así como si una “madeleine” pudiera tener un sabor distinto en la boca de los lectores de acuerdo a la traducción que leyeran. Sin embargo, creo que todavía es más complicado pensar que el sueño del Celta sucedía  originalmente en español.

Written by Luis

28 diciembre 2015 at 4:35 pm

Publicado en libros

En órbita…

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Hace algún tiempo, buscando un estudio sobre la obra de un escritor norteamericano en la biblioteca de la Facultad de Letras, me encontré por casualidad con un compendio de ensayos y ahí una frase que no he podido olvidar, aunque si haya extraviado el cuaderno dónde la anoté. Se trata de la reflexión de un filósofo, también éste norteamericano, y se refería a los libros. Por eso tomé el ejemplar y me senté en el primer sitio disponible. A penas instalado ya estaba listo para transcribir dicha idea que había a penas divisado, pues estaba seguro que lo que fuera no podía más que fortalecer mi relación con los objetos impresos.

Sin embargo resultó lo contrario. El autor cuestionaba la primacía de los libros para ayudarnos a reflexionar. A su vez advertía que muy pesar de que éstos resultan buenos transmisores de ideas, no deberíamos aceptar por ello un apoderamiento y girar en torno a ellos. En pocas palabras, se trataba de su desacralización. Con mi semblante lleno de sorpresa, terminé de copiar estas líneas y guardar las notas en algún lugar que, como ya he dicho, no recuerdo.

Pienso a menudo en dicha reflexión, sobre todo cuando me enfrento a anuncios o comentarios que enaltecen la lectura a través de la cantidad de libros leídos, como si se tratara de una carrera de alta velocidad a ninguna parte. Al contrario, es menos frecuente que se haga énfasis en la calidad de la misma, es decir, la comprensión de un texto en sus diversos niveles.

Ciertamente cada quien posee una velocidad de lectura y comprensión, variable y respetable tanto como la diversidad de gustos. En mi caso, por ejemplo, me tomó un tiempo considerable entender que el filósofo pretendía resaltar la labor del lector sobre el medio que es, en este caso, el libro, pero que pudiera muy bien ser cualquier otro soporte. Lo importante a fin de cuentas, parecía decirme su enunciado, es el ser humano y su capacidad de decisión y no su órbita alrededor de los medios.

Written by Luis

21 diciembre 2015 at 9:00 am

Publicado en libros, reflexiones

¿Qué es un instante?

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Es una de las ínfimas partes que componen nuestra existencia, pero cuánto tiempo dura exactamente y de qué está compuesto depende del punto de vista del que lo vive. Además, un instante cualquiera estaría incompleto sin tomar en cuenta todos los condicionamientos que lo hicieron posible, con lo cual deducimos que cualquier instante tiende hacia el infinito en forma regresiva.

Escribir sobre un instante preciso es recurrente en literatura para crear una obra o como simple ejercicio de redacción. Por ejemplo, tratar de escribir lo sucedido en los últimos quince segundos, siendo lo más exactos posible, puede llevarnos incluso a una novela-ensayo. Javier Cercas ofrece una obra siguiendo este principio. En “Anatomía de un instante” narra lo que sucedió el 23 de febrero de 1981 en el hemiciclo del Congreso de los diputados y más precisamente aquel instante en que Adolfo Suárez permanece en su asiento indiferente a las balas, mientras los diputados se refugian en las butacas. Sin embargo, este instante en particular tiende hacia el pasado y el futuro.

En el prólogo de su libro, Javier Cercas se dice derrotado al tratar de crear una obra de ficción sobre un hecho histórico y decide entonces contarlo a detalle comenzando por aquello que lo hizo posible, apoyado en una extensa investigación bibliográfica. Al mismo tiempo, su trabajo demuestra que la filmación en directo del fallido golpe de Estado lo convierte en una experiencia perdurable, en otras palabras extiende sus lazos al porvenir. El público puede revivir este momento por televisión cada 23 de febrero. Cercas fue más lejos aún en este sentido, buscó extender los quince segundos, que dura generalmente la grabación pública, y accedió a un archivo con treinta y cuatro minutos y veinticuatro segundos.

Entre más extendemos el registro de datos en el tiempo, más importante se vuelve el gesto de Adolfo Suárez. A su vez, la escritura de este libro y nuestra lectura siguen aportando algo más a este instante.

Written by Luis

19 diciembre 2015 at 3:24 pm

Publicado en España, libros

Todo comenzó en San Luis Potosí, 1833

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Y digamos que terminó el 3 de agosto de 1944, en París.

Esta fascinante historia tiene muchísimas vertientes y si no había escrito al respecto es por la dificultad de asirme de una de ellas, descartando así a las otras, que son igualmente merecedoras de toda nuestra atención. Comencemos por el final. Es un libro que da inicio a este mi periplo histórico-literario. Éste se titula “Ramon” (sin acento) y fue escrito por el escritor francés Dominique Fernandez (ed. Grasset, 2009). Fernandez tiene una bibliografía considerable y se ha hecho de un nombre gracias a su calidad literaria. Sin embargo, la historia política, literaria y privada de la vida de su padre, Ramon Fernandez ha sido la obra que más me ha interesado.

Cuando la vida real supera a la ficción resulta algo así como un médico de barrio, Ramon I, que se enlista al ejército y sube rápidamente los grados hasta volverse un cercano del General Porfirio Díaz. Logra luego el cargo de jefe del gobierno del Distrito Federal y más tarde Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de México en Francia. De acuerdo a D. Fernandez, la fortuna de Ramon I no deja de ser de dudosa procedencia. Ramon II, nacido en México, pero residente en París, salva a su futura esposa en el bosque de Boulogne cuando su montura se desboca. El destino les permite casarse y de esa unión nace Ramon III, el personaje que nos concierne. Ramon II tendría un desofortunado accidente de caballo en el cual perdería la vida.

Ramon Fernandez (1894-1944) fue uno de los intelectuales más importantes de la primera mitad del siglo XX en Francia. Formó parte de la Nouvelle Revue Française, fue cercano de Jean Prévost, Antoine de Saint-Exupéry y François Mauriac. Figuras como André Malraux, André Gide y Marguerite Duras fueron parte de su entorno habitual. Lamentablemente al colaborar con el ocupante nazi, su falta política fue más fuerte que su talento literario. Pasó así a formar parte del grupo de escritores como Drieu la Rochelle, Brasillach, Chardonne. Su hijo Dominique se pregunta como pudo esto ser posible. Y yo, lo mismo que Alfonso Reyes le reprochó a Ramon F. en una carta en 1929 ¿por qué no trató en alguno de sus artículos sobre la literatura de su país de origen?

Written by Luis

17 diciembre 2015 at 2:01 pm

Sefarad, «España»

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Tuvimos una fiesta en casa hace unos meses. Por lo regular preseleccionamos canciones de la red con antelación, pero acababan justo de cerrar el servicio de nuestro sitio preferido. Fui entonces en búsqueda de discos y traje algo de rock inglés, un grupo de klezmer y otros de música tradicional judeoespañola, además de algunos discos de películas de Woody Allen. Finalmente, el aperitivo y la cena tuvieron como acompañamiento musical el jazz preferido del director neoyorkino.

Al día siguiente pude escuchar con más atención el resto, sobre todo el repertorio judío. Afortunadamente la memoria es selectiva y esos sonidos estaban aún ahí esta noche cuando leí el discurso, «Sefarditas» de Fernando del Paso para la ceremonia de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en 2009. Al filo de la lectura, mi memoria se reanima: los grupos de klezmer tocan en algún bar de Europa central, mientras el público en la sala charla en yidis; un poco lejos de ahí, en el camino del exilio, los sefardíes entonan canciones sobre el lugar que tuvieron que abandonar en 1492, … «los caminos de Sirkeci se hinchan de arena…» en una punta de Istambul, en el barrio de Galata, en la misma ciudad, deciden instalarse, esperando pacientemente la revocación del decreto de expulsión quinientos años después. Algunos todavía conservan la llave de sus casas.

Trato de entender la letra de las canciones sefardíes. El español del siglo XV y la mezcla con otros idiomas me complican la labor. Espero que cuando al fin logre entenderlo, el sefardí o el yidis no hayan terminado por ceder su lugar completamente al hebreo. Mañana hay otra fiesta en casa. Pondré música de Tanya G. A. Solan y quizás de Avishai Cohen. Hablaremos de libros y posiblemente demos con los ensayos sobre el islam y el judaísmo de Fernando del Paso.

Written by Luis

15 diciembre 2015 at 10:15 pm

Publicado en España, Judaísmo, libros, Turquía

Hospitalidad, como un déjà-vu

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FullSizeRenderEn su “Dictionnaire amoureux de l’Amérique-latine” (Plon, 2005), Mario Vargas Llosa narra la visita inesperada que recibió de Carlos Fuentes en Londres. Por ese entonces, el escritor mexicano lleva ya un par de años en el extranjero y recientemente ha dejado Venecia para instalarse por un tiempo en la capital inglesa. Entre otros, trabaja afanosamente en un proyecto de gran envergadura y lo comparte con su anfitrión. El libro en cuestión será conocido más tarde con el título “Terra Nostra”.

No deja de ser emotivo ver a dos hombres de letras que nos son tan cercanos en plena efervescencia creativa o más llanamente, si se quiere, en su juventud. Además, este encuentro es una prueba fehaciente que la República de letras, de la que se habla tan a menudo, tiene lugar de forma paralela en el mundo material donde existen dos países llamados Perú y México.

Escribo esto en el tren de regreso a casa, después de un agradable fin de semana en el que visité a un gran amigo y su familia. A parte de su hospitalidad, me suele hablar tanto de México que siempre termino por apreciar con nuevos ojos lo que ahí se produce pasando de la música a otras manifestaciones culturales. De igual forma me enseña sobre lo que acontece en el Perú. La distancia entre ambos países parece esfumarse. Esta vez tuve derecho además a un curso de redes sociales e internet, en el cual mi anfitrión es experto. Y ahora recuerdo el episodio en el que el nobel peruano recibió a nuestro entrañable escritor mexicano un día de octubre de 1967.

Written by Luis

14 diciembre 2015 at 9:26 pm

Publicado en América Latina, libros, Mexico, Perú

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