Francia, libros

Michel Houellebecq, ¿sumiso o calculador?

“… si l’on prend un sujet contemporain, sans le vouloir le lecteur se transforme en une espèce d’espion et contrôle tout ce qu’on dit”

Jorge Luis Borges. “Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato. Conversations à Buenos Aires” Anatolia. Ed. du Rocher.2001

El comentario de Borges explica claramente el riesgo literario que corrió Houellebecq al situar su novela “Soumission” en un futuro tan cercano, como es el año 2022. La recepción por parte de los medios y el público justo al salir el libro sería modulable más de acuerdo al desarrollo de la situación política que por las cualidades literarias de su libro. El lector de esta novela siente en sus manos un producto de sensación que depende del momento y no puede aspirar a la intemporalidad de grandes obras. Quizás el autor lo sabía.

Lo más memorable de “Soumission“, hasta ahora, es la coincidencia de su aparición en librerías y promoción por el autor con los ataques terroristas de enero de 2015 en contra del diario satírico Charlie Hebdo. La novela ya había captado la atención del público con tan solo el título, sin embargo la intervención recurrente de los partidos políticos en la opinión pública después de los atentados con respecto a problemas sociales subyacentes impidieron una discusión más ecuánime a la cual pudo haber dado lugar el libro de Houellebecq.

La historia de la novela es bastante simple, pero es su estilo lo que provoca cierta incomodidad. Por ejemplo, su personaje principal parece disfrutar, como un exhibicionista, el mostrar al lector sus deseos más mundanos en ejecución: comer, follar y beber, todo lo que se le presente a la mano. El protagonista ha terminado su tesis después de siete años de preparación y se integra inmediatamente como profesor al sistema educativo. Después de los esfuerzos por obtener su título doctoral y su puesto de trabajo, no parece haber nada más que lo motive realmente en su vida.

En el plano social, el año 2022 presenta grandes posibilidades a un cambio drástico del espectro político con la llegada del partido islamista al poder en Francia. Gracias a los descubrimientos casi aleatorios del narrador, entendemos como los partidos tradicionales bloquean el avance del partido de extrema derecha para facilitar el camino al nuevo partido que muestra claramente su identidad religiosa.

Así es que una vez con el poder en las manos, los cambios en la sociedad son notorios primero en el atuendo de las mujeres que parecen más recatadas en su apariencia física. Más cambios vendrán. Nuestro profesor pierde su empleo en la universidad dado que su enseñanza contradice los principios de la nueva institución. Recibe una alta jubilación con tal de que no pretenda realizar ningún proceso en contra de su destitución. Los petrodólares comienzan a fluir en el país, lo que permite sostener este tipo de políticas.

El académico, ahora desempleado, disfruta lo mejor que puede de su nueva situación y sigue percibiendo más cambios en el país. Aunque poco tiempo después, el sistema trata de recueperarlo ofreciéndole la dirección de un prestigioso trabajo crítico sobre el escritor Joris Karl Huysmans,  sobre quien escribió su tesis. Posteriormente vendrá incluso la proposición para retomar su puesto en la universidad bajo ciertas condiciones…

Houellebecq crea  discusiones en donde algunos personajes defienden sus posturas a través de la obra de autores del siglo diecinueve, como el joven aristócrata nacionalista y especialista de la obra de Léon Bloy. Esto es más claro cuando nos vamos percatando del paralelo que existe entre las experiencias de Huysmans  y las del héroe de la novela.

Son las pasiones y habitudes del profesor en desgracia que dan forma a la narración. La mayor parte del tiempo se alimenta de comida para microondas o sushis, toma vino más para englutir lo que consume que para degustarlo. En cuanto a su sexualidad explícita el panorama no es muy diferente: sitios porno, serivicios de scort girls y una historia conflictiva con su joven exnovia Myriam, que deja el país poco después del cambio político. A parte de ella, no hay más personajes verdaderamente cercanos para este recién jubilado; que ni siquiera es capaz de mantener el contacto con sus propios padres.

Una de las bases de la República francesa es la educación laica. Michel Houellebecq presenta el control de la educación como el objetivo político más importante. Es ahí donde se lleva a cabo el enfrentamiento, pues quien instruye a la juventud, posee las riendas del futuro. No es casualidad que el personaje principal esté justo al centro del sistema educativo y tampoco podría serlo el hecho de discutir sobre los grandes cambios en la sociedad europea, como sucede en la novela, bebiendo un Mersault, que es igualmente el nombre de un vino y el del extranjero de Albert Camus.

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reflexiones

Resguardo

Ciertamente, el hablar corresponde a una forma de interacción social como puede haber tantas otras. Sin embargo, la pronunciación de palabras y sonidos afines reafirman la presencia del individuo y al mismo tiempo ayudan a entender su posición dentro de una situación determinada. Tomar la palabra expone completamente al que lo hace. Instintivamente lo sabemos. La palabra hablada es antes que nada exhalación de aire de un ser vivo, aunque para el ser humano se convierte en un conjunto de sonidos articulados y decodificables, es decir, los sonidos previenen de nuestra presencia y lo que decimos, por mínimo que sea, de nuestras intenciones. En toería hablamos usando únicamente palabras comprehensibles, dependiendo del registro prealablemente elegido, sea este formal o familiar. A pesar de esto, es posible identificar  en ciertas ocasiones que después de lo dicho le siga una especia de sonido ininteligible, pero que escapa a la denominación de ruido (inarticulado y desagradable). Me parece que este reflejo responde a un mecanismo de defensa. El individuo que habla se sabe vulnerable por lo que al final de su enunciación tratará de confundir a su interlocutor con esos sonidos ambiguos entre palabra, balbuceo e interjección, sin que por esto exista una formal contradicción en su discurso. Suponiendo la eficacia de este método, nos queda por analizar en qué circunstancias se presenta, pues no hablamos constantemente de igual manera. Quedémonos, mientras tanto, bajo resguardo.

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América Latina, fotografía, París

Lo que (supuestamente) veía J.L.B.

La foto de la que hablo fue tomada en 1969. Justo al centro percibimos a un hombre de pie, vestido de forma elegante con un traje negro, camisa blanca y corbata negra. Sostiene en su mano derecha un bastón del mismo color. Su rostro es claramente identificable, pues lleva la cabeza descubierta. El piso de mármol bajo sus pies representa una estrella en blanco y negro. A pesar de la posición del personaje en el cuadro, podemos observar al centro de la estrella un punto blanco. El fotógrafo y su cámara se encuentran un par de metros por encima de la escena. Al momento de la toma, el hombre retratado observa inquisitivamente el objetivo de la cámara, y para siempre a nosotros quienes obsevaremos la foto. La composición del cuadro, el lugar y sobre todo el personaje en cuestión, todos estos elementos hacen imposible olvidar la imagen. Incluso comencé a imaginar lo que habría alrededor y la ubicación geográfica de la misma. Pensé en la gran biblioteca de una ciudad importante. Un buen día, sin previo aviso, me encontré de paso sobre la misma estrella, sin hacer relación a mis recuerdos de forma inmediata, pues faltaba obviamente un componente. Pasada la euforia de este descubrimiento inesperado, osé tomar el lugar del ilustre personaje, auqnue fuera tan solo por un par de segundos. Observé alrededor y luego levanté la vista hacia el punto de observación de aquel fotógrafo. Continué con la vista en alto y ví hacia arriba una succesión de círculos concéntricos que señalaban cada uno un piso diferente. Tomé una foto de esta visión, lo mejor que pude. Decidí nombrarla: “Lo que (supuestamente) veía J.L.B.”

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cartoucherie de Vincennes, L'Epée de bois, teatro

Atmósfera

El día comenzó con neblina. Al abrir la ventana por la mañana, tuve la impresión de que la niebla se colaba por la casa, así que cerré de golpe. Las partículas finas persistentes en el aire debieron de haber dado vida a la bruma. A fin de cuentas, este  fenómeno atomosférico ofrecía un marco perfecto para ir al teatro. Así que fui a ver una representación de “La double inconstance” de Marivaux (dir. René Loyon) al teatro de l’Epée de Bois.

Todo comienza cuando un príncipe se enamora y secuestra a una joven de provincia, Silvia, que se dice enamorada de alguien más, Arlequín. El príncipe decide entonces alojarlos a ambos en su suntuosa morada, con el firme propósito de separar a esta pareja ayudándose de sus servidores. Se trata de una comedia con personajes complejos que muestran una evolución de sus sentimientos. A primera vista, Silvia y Arlequín son dos jóvenes ingenuos que  tratan torpemente de salvar su unión. ¿Torpitud causada por el amor o por su naturaleza rural ajena a las costumbres úrbanas donde el artífice es rey?

Está claro que el príncipe y sus siervos acechan las voluntades de Silvia y Arlequín y preparan la emboscada perfecta. Los primeros intentos son infrucutosos, Silvia se muestra insensible al poder y riquezas del príncipe; por su lado Arlequín no cae adormecido bajo  las insinuaciones de una sugestiva dama de honor. Es ahí donde la palabra entra en juego. Los seductores se acercan lentamente fingiendo, embeleciendo su apariencia con sentimientos elevados y mostrándose así dignos de ser amados. El príncipe se presenta así como un valet locamente enamorado de Silvia, despojándose así del aura de noblesa que lo aleja de ella. Mientras que una de sus damas de honor, Flaminia, se presenta a la joven pareja ofreciéndoles su apoyo contra el tirano que desea separárlos,  sin dejar de mostrar una admiración discreta por Arlequín. La joven pareja comienza entonces a hacerse preguntas sobre la razón de su amor y lo que su relación los limita a conocer.

Los sentimientos que se crean de tal situación dan un vuelco a la situación primera. El príncipe y Silvia se acercan a través del dolor, uno por no poder asequir a la persona amada y la otra por no atreverse dejar a Arlequín a quien ya no ama. Por otro lado, Arlequín y Flaminia comparten la impaciencia de no poder saciar sus pasiones. Pues para Flaminia, este asunto le aportará los favores del príncipe además de que Arlequín no le es realmente indiferente. Este último cree encontrar en las sutilidades de Flaminia otro tipo de placer. A este punto ¿el amor de Silvia y Arlequín es víctima del príncipe y su cohorte o simplemente víctima del paso del tiempo sobre los sentimientos?

Aquí los personajes se muestran como banales e inestables seres humanos. Sin embargo, ¿es acaso posible ver en la acción del príncipe, el secuestro de Silvia, otra cosa que no sea un crimen? ¿Cómo llamar entonces al uso de la fuerza para quebrantar la voluntad de quienes se nos oponen?

Sin embargo, en la obra no es la fuerza que obtiene razón, sino la estratagema y la perseverancia. Lo que termina por revelar las debilidades de la fortaleza. Tómese en cuenta Trivelín ennumerando a Arlequín todo lo que ganaría si accede a renunciar a Silvia. Nada parece afectar a Arlequín hasta que el valet encuentra casi por azar un punto sensible: su debilidad por los manjares.

En fin, lo agradable de la noche y mi entendimiento de la pieza tal y como lo he presentado se lo debo sin lugar a dudas a los actores, a través de su desempeño  tan natural sobre el escenario, ayudados de una excelente dicción, lo que se agradece cuando uno no es un francófono nativo. Me pareció igualmente lograda la adaptación que hicieron de su personalidad a cada papel que actuaron. Aunque debo admitir que el personajes de Silvia me pareció al principio de la obra un tono por encima del resto. Lo que en el transcurso de la representación tomo su lugar y se agrementó con el trabajo de todo el equipo. Logrando el pleno equilibrio cuando dicho personaje reconoce el cambio de sus sentimientos.

En el camino de regreso a casa me perdí en la neblina, meditando sobre la impresión que me causó el espectáculo. Tan solo ahora al publicar estas líneas es que despierto de mis ensoñaciones.

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Alemania, libros

Sobre las fronteras simbólicas

De aquello que nos interesa solemos hablar con un fuerte entusiasmo cuando la oportunidad se presenta. A veces hay buena recepción e incluso mi interlocutor termina leyendo el libro del cual le hablé. En fin, C. es un amigo que aprovecha su tiempo en el tranporte público para leer. Ví pasar entre sus manos obras de autores como Lewis Carroll, Emile Zola, Jane Austen, Gustave Flaubert, Dante Alighieri, Sófocles… Está dotado de una curiosidad sin límites, ni pretensiones. Un día me pidió que le recomendara un libro de ficción que tuviera lugar en México, me vino a la mente Laura Esquivel y luego pensé en Le Clézio, “Diego et Frida“. Creo que mis dos recomendaciones no le hicieron gran efecto. Un día sin embargo, sucedió algo distinto. Llevaba conmigo un libro “Origines” (ver art. precedente) y me disponía a comer. C. vio el libro y me propuso hacerme una lectura en voz alta mientras yo comía. Comenzó por el principio, pues acababa de adquirirlo. Leyó así cuantas páginas me fueron necesarias para terminar de comer. Luego me pidió que le anotara en una hoja el título y el autor como en ocasiones precedentes. Al día siguiente lo ví y contento me enseñó el ejemplar que acaba de comprar, de hecho terminó de leerlo antes que yo. Aquí la historia se complica en cuanto a las recomendaciones y su efecto. En esos días, comencé a leer de forma simultánea “Germany. Memories of a Nation” de Neil MacGregor. Le dije a C., que por cierto se interesa también en política e historia, que se trataba de un un libro genial  sobre la historia de Alemania a través de objetos, desde aquellos de uso cotidiano hasta grandes monumentos. Agregué que este libro me había ayudado a entender la movilidad de las fronteras de lo que ahora conocemos como Alemania, por ejemplo el caso de tres ciudades que albergaron alguna vez el espíritu creativo de esa nación como Estrasburgo, Praga y Kaliningrado, que hoy en día pertenecen entereamente a otros países. Lengua, religión, invenciones tecnológicas y también la guerra y la división, pareciera que MacGregor no omitía nada. C. me escuchó atentivamente y lo ayudé a buscar un ejemplar al momento, pero en francés. No tuvimos éxito. Con la misma efusión comenté este libro a más amigos y la barrera del idioma derribó mis esfuerzos. Al final me dije que aprovecharía de un espacio aquí para mencionar este libro, tan docto y estimulante, que por no estar estar traducido, ha encontrado inmerecidas barreras a su promoción.

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Cuba, Líbano, libros

Tal y como lo dejé

Aunque sabemos que no es así, al salir de viaje esperamos regresar y encontrar todo tal y como lo dejamos. Así funciona nuestra memoria espacial. Y gracias a ello podemos no solo encontrar las llaves o las gafas, sino que también podemos pensar el futuro, es decir, a través de proyecciones personales en un espacio temporal distante, del cual suponemos este espacio como una constante. Digamos que la mayor parte del tiempo esto funciona. Solo que en ocasiones hemos regresado de viaje y muchas cosas están fuera de su habitual lugar, sin hablar de las personas, que  pueden como nosotros mismos haber emprendido  la ruta. La memoria espacial es persistente y le cuesta trabajo adaptarse, borrar el disco e inscribir las modificaciones. La memoria emocional debe ser incluso más difícil de modificar. En “Origines” de Amin Maalouf se trata de recordar a través de los espacios (las casas y propiedades de su familia en Líbano y Cuba) a las personas que los habitaron. Con ayuda de la correspondencia personal de sus progenitores, Maalouf podrá incluso reconstituir los sentimientos. A lo largo del libro, el autor nos invita a seguir sus pasos redescubriendo el pasado de su familia, mostrándonos las pistas que iluminan ciertos secretos que en ocasiones esconden heridas. Maalouf sabe que aquellos a quienes busca en esas viejas casas ya no están, aunque lo inspira el hecho de que lo descubierto ayudará a las futuras generaciones a recordar. A eso le llamo un proyecto de futuro sentimental: tratar de dejar una costante emocional equivalente o incluso más fuerte que los edificios de piedra, que son la memoria espacial de la cual partió. En vísperas de una visita de regreso, este libro me hizo reflexionar en mis propios orígenes, en dónde dejé mis llaves, las gafas, fotos y correspondencia. Ahora me queda reinscribir en mi memoria lo que es, tal y como es y quizás no tanto como lo dejé.

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España, libros

Entre Guernica y la Movida

Tengo la impresión de que gran parte del día Tarzán se balancea de una liana a otra. Tal vez va viendo a cada momento cosas más o menos interesantes a su paso y vira de acuerdo a ello. Pues bien, después de comenzar “Anatomía de un instante” de J. Cercas me ha sucedido algo similar, fui pasando de un libro a otro preguntándome que fue lo que pasó antes del 23 de febrero de 1981. Cierto, hay todos los preparativos para el fallido golpe de Estado, antes tenemos la elección de Adolfo Suárez, pero quiero saber todavía más y así hasta retomar la línea de eventos si posible hasta el año de 1936.

De este período histórico, el franquismo, se habla poco, sobre todo comparado con otros temas más mediatizados. Es más, me parece que, al menos con mis interlocutores españoles, se trata de no ahondar mucho sobre el tema con el temor de decir algo disparatado o hiriente. Y al final resulta que no se habla del todo. Sin embargo, tratar de omitir aproximadamente cuatro décadas de la historia de un país es un acto incomprensible.

En 2005, la editorial Plon publicó “Dictionnaire amoureux de l’Espagne“, a cargo del reconocido escritor Michel de Castillo, nacido en Madrid de padre francés y madre española. Sus orígenes y su talento literario lo convirtieron sin duda en uno de los candidatos idóneos para esa labor. En su libro encontramos la letra “S” en la que del Castillo da su opinión sobre A. Suárez. Sin embargo es la letra “F” la que ofrece más pistas para responder a mi interrogante. La entrada se llama “Franco (Francisco, Caudillo de l’Espagne)”.

Michel del Castillo cuenta que al llegar a Francia en 1953, tras 8 años de vivir en España, sus amigos franceses le hablan de la situación del país ibérico, con tanta seguridad “aunque sea un país que conozcan mal”. Entre estas personas se encuentra el mismo Jean-Paul Sartre.

Pareciera que en su entrada sobre Franco, el autor franco-español toma su revancha por cuanto tuvo que escuchar, sin que nadie hubiera considerado que él tendría quizás un punto de vista más cercano, no únicamente por hablar español, sino también por haber vivido ahí.

Aprendemos pues que Franco, de acuerdo a del Castillo, pensaba más como un general que como un político. Su mayor aportación en este tema fue el “no” rotundo a los bolcheviques. Además, el Caudillo se caracterizó por un catolicismo exacerbado, un sentimiento antisemita, con animadversión por las logias masónicas, el liberalismo y el parlamentarismo. Siguiendo al autor, la represión del régimen fue infatigable y duró por lo menos hasta los años 60. A pesar de las miles de víctimas, del Castillo opina que no fue una represión de masas, sino más bien dirigida.

Cuando uno termina de leer el par de páginas de este artículo, se tiene la impresión de querer saber más y también que el autor tenía aún más qué decir al respecto. De hecho, en 2008 la editorial Fayard publicó “Le temps de Franco” otro libro de Michel del Castillo de casi cuatrocientas páginas. En fin, todavía hay que seguir moviéndose de libro en libro en esta jungla de la historia mal conocida con el afán de entender tan solo un poco más.

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libros, Mexico

De vuelta

Anoche quería escribir una líneas en mi cuaderno antes de dormir. Como no estaba muy concentrado para hacerlo, preferí escuchar la redifusión de una entrevista radiofónica. La invitada, crítica literaria de profesión, hablaba sobre su relación con la lectura y la relectura: treinta libros al mes de los cuales dos tercios ya los había leído. El asombro tarda en tomar su sitio. Para mí resulta remarcable las varias veces que la invitada ha podido leer un solo libro. Entonces me pregunté si yo tendría libros que pudiera releer una y otra vez. Pasando algunos ejemplares por la mente, se me apareció de pronto la imagen de una reciente lectura “El idioma materno” (Sexto Piso, 2014) de Fabio Morábito.

Para empezar el título que escogió el autor gana fácilmente lectores, sobre todo aquellos lejos de casa que se entusiasman con la esperanza de encontrar algo familiar entre las páginas. El primer idioma que aprendemos se adhiere a nosotros como si fuera una segunda piel. No obstante, a lo largo de nuestra vida nos acercamos a otras lenguas, con las cuales tenemos una relación que nos remite siempre a nuestra lengua materna.

Morábito, de origen italiano radicado en México, conoce a fondo los sentimientos que esto produce. Su escritura en español trasmite claramente el país de acogida, pero no completamente su “otro yo”, latente, el idioma materno que sigue ahí, esperando.

Cada uno de los textos de este libro es como un bloque, algo así como un pensamiento y sus divagaciones consecuentes. El breve lapso de tiempo que toma su lectura es suficiente para zarpar, dar una vuelta por los recuerdos del escritor italo-mexicano y regresar a nuestro asiento.

En ocasiones me parece que el autor y yo vemos en la misma dirección y eso me permite comparar mi punto de vista. En otras, las más de las veces, me sugiere ver ideas donde antes no las había y revisita los lugares conocidos con nuevos ojos. Justamente éste es el proceder del artista, tomar un aspecto de la realidad, del cual nadie había tomado atención, y trabajarlo hasta darle la forma deseada, bajo un plan que únicamente él conoce.

Ahora sólo me falta encontrar los otros diecinueve libros que releer antes de dormir.

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